Los tapices flamencos de la catedral de Zamora recuperan su esplendor.

La catedral de Zamora cuenta ya con doce tapices flamencos que han sido restaurados a lo largo de la última década de las series de Aníbal, La Guerra de Troya, La Viña y Tarquino, mientras que otros ocho lienzos bordados con lana y seda esperan a ser rehabilitados para recuperar todo su esplendor.

Los últimos reposteros remozados, que representan el botín de Cannas, el rapto de Helena y la destrucción de Troya, pertenecen a la serie de Aníbal y se confeccionaron en Bélgica en los siglos XV y XVI, según ha informado hoy la restauradora Pepa Garrido durante la presentación de la exposición de tapices de la catedral.

Las tres nuevas obras flamencas que se han sometido a un lavado de imagen se pueden contemplar en la sala capitular del templo catedralicio después de un complejo proceso de restauración que ha tenido un coste de 86.500 euros.

El programa de recuperación, emprendido en 1999, ha supuesto ya una inversión de más de 450.000 euros acometida por la Junta de Castilla y León, que próximamente restaurará también los dos tapices de la serie de David y Goliat y los seis pertenecientes a la serie de las Artes Liberales.

La intervención, realizada en un taller especializado de Velilla de San Antonio (Madrid), ha sido de gran complejidad debido al tamaño de los tapices, ya que no resulta fácil restaurar una tela como la de la muerte de Troilo, Aquiles y París, de la serie de Troya, que llega a medir diez metros de largo por cinco de ancho.

La restauración de cada obra dura algo más de un año y se inicia con la eliminación de la suciedad, los restos de contaminación atmosférica y los parches y reparaciones realizadas en el pasado, que servían como remiendo pero que deformaban y degradaban el tejido y los forros que cubrían el reverso.

Tras este proceso, el tapiz se lava en una gran cubeta con agua desmineralizada y jabones especiales con los que se frota la tela centímetro a centímetro.

Tras el secado se realiza la costura de consolidación con una técnica que permite discernir el original de la zona reintegrada, para luego forrar el tapiz con tejido de lino.

Por último, se añade un nuevo sistema de suspensión que permite la exposición vertical de estas piezas de gran formato.

Este sistema, que sustituye a los antiguos clavos con los que se sustentaban los tapices en la pared, permite equilibrar el peso y facilita su desmontaje cuando las obras tienen que viajar, como ocurrirá en septiembre con uno de los tapices de la Guerra de Troya, que se llevará a una exposición temporal en la región de Flandes (Bélgica).

De forma permanente, catorce de los veinte tapices de la seo se muestran en el Museo Catedralicio y la sala capitular del templo mayor, mientras que los seis de las Artes Liberales esperan a ser restaurados para mostrarse al público.

El Obispado de Zamora pretende que en un futuro, cuando todas las piezas hayan recuperado su belleza original, se expongan de forma conjunta en un espacio más adecuado.

La idea ya la han planteado a las instituciones, que se han mostrado receptivas al proyecto del museo de tapices de Zamora, aunque por el momento no se han concretado detalles, según han reconocido fuentes del Obispado.

Fuente: soitu.es

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