De Sama a Velilla hay que tender una línea eléctrica, es decir, torres altísimas, montes desbrozados por el metal, runrún de muchos vatios pasando por encima de las vacas pardas (pocas), de los paisanos (muy pocos) y de los osos (alguno). Los expertos y políticos, dispuestos alrededor del mapa, trazaron el recorrido con un tiralíneas y se dieron cuenta de que en medio había un gran cacho de tierra arrugado y plegado en valles, cumbres, biescas y lombas.
-”¿Y ésto?
-”Esto es León.
-”¿Y qué hacemos aquí?
-”Coño, qué vamos a hacer, pues pasarlos por encima. Si aquí no vive ni Dios.
Dicen que es «necesario» e incluso «imprescindible», que había un «compromiso previo» y hay que dar «salida a la producción sobrante». Nos suenan los argumentos. Son las «razones de Estado» a las que tan tristemente estamos acostumbrados. Pues, qué quieren que les diga. Yo, por mi parte, estoy muy pero que muy farto de las «razones de Estado» que siempre pagan los mismos. Por razón de Estado se han venido anegando, uno tras otro, los valles más guapos y más señeros de nuestra montaña para convertirlos en cuencos de agua embalsada y muerta. Por razón de Estado -”explícito-” renunció León a la autonomía que, por historia, cultura y exigencia social merecía. Por razón de Estado sacrificó León a sus mejores hombres, carne de emigración y de exilio. Por razón de Estado, por razón de Estado.
Y León aguanta, aguanta.
Aguanta hasta que no aguante más.
-”Oye, ¿y esta gente no se echará a la calle? Mira que todo esto es Reserva de la Biosfera…
-”No, qué va, tú no los conoces, si son como cestos, estos ni se mueven.
Lo que no saben es que llega el día en que, a fuerza de darle palos, hasta el buey más manso se amosca. Y los palos ya van siendo muchos. Y la mosca ya nos sobrevuela las narices.
fuente/diariodeleon.es/
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